La base de maquillaje es uno de los cosméticos que más contribuyen a tu buen aspecto. Cubre imperfecciones, proporcionando un acabado liso, luminoso y aterciopelado.
Se pueden aplicar en la totalidad del rostro (si la piel tiene mal aspecto), en una zona concreta para disimular las imperfecciones (manchas, cicatrices, ojeras, granos…), o para atraer la luz (alrededor de los ojos, en el contorno de los labios, en la frente, los pómulos, la barbilla…).
El principal objetivo que debe cumplir una buena base de maquillaje es la de emparejar el color de la piel y disimular las posibles imperfecciones en el rostro.
La base que podemos utilizar variará dependiendo del tipo de piel.
Así, para pieles normales se recomienda utilizar bases líquidas, que puedan cubrir la cara formando una fina capa.
Las pieles secas requerirán bases de maquillaje que hidraten, a la vez que colorean.
Para las pieles grasas, más propensas a los granos o al acné juvenil, las bases más recomendables son las cremosas o en barra, que sirven para disimular el relieve que producen los granitos y eliminar los brillos.
En general, a las mujeres de tez más bronceada, les conviene utilizar bases con pigmentos amarillos, mientras que a las de tez más blanquecina les favorecen más las de pigmentos rosados.
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