El término "anorexia" significa literalmente "pérdida del apetito"; sin embargo, esta definición es engañosa, ya que las personas con anorexia nerviosa con frecuencia tienen hambre pero, de todos modos, rechazan la comida.
Estas personas tienen intensos temores a engordar y se ven así mismos gordos, aún cuando su peso se encuentra por debajo de los límites saludables.
La anorexia se presenta entre un 1% y 3% de la población. El 90% son mujeres. Algunos estudios indican que alrededor de un 10% de las adolescentes podrían presentar un trastorno alimentario. La edad de mayor riesgo de aparición de la enfermedad es al final de la niñez, durante la adolescencia y al inicio de la juventud.
La anorexia nerviosa se presenta con mayor frecuencia en unos estratos socioculturales concretos: altos y medio altos.
Las pacientes anoréxicas son muchachas con un buen rendimiento intelectual, que tienen éxito en sus estudios y que por pertenecer a clases medias y altas pueden desarrollar las siguientes capacidades: autoexigencia, perfeccionismo y deseo de agradar a los demás.
Estos síntomas se interpretan habitualmente como un marco adecuado donde desarrollar este trastorno alimentario.
Aspectos psicológicos y familiares
Se cree que la sobrevaloración de la delgadez en la sociedad actual ha influido para que este trastorno se presente con mayor frecuencia. Sin embargo, puede encontrarse en los textos de medicina desde hace cientos de años.
Parte de la predisposición se adquiere en la infancia por deficiencias en la formación de la identidad personal, una extremada protección. Una posición demasiado tolerante o una demasiado distante por parte de los padres puede predisponer también a la aparición de la enfermedad.
Los progenitores que dan mucha importancia a la apariencia física, transmitirán a sus hijos muy poca seguridad en sus relaciones interpersonales y un miedo intenso a engordar.
Ante la duda de la existencia del trastorno, habrá que hablar abiertamente con el / la adolescente, presentando nuestra preocupación y dándole la oportunidad de que exprese su propia apreciación de la situación, sin interrumpir su discurso ni acusarle de no decir la verdad.
El trastorno alimentario suele ser una forma de pedir ayuda y comunicar sus problemas para afrontar la vida.
Lo mejor que puede hacer la familia para evitar la aparición de un trastorno alimenticio es:
Escuchar lo que dice su hijo, relacionarse con él con afecto, evitar los chantajes, no comunicarse con gritos cuando no se está de acuerdo en algo, evitar las críticas del adolescente en público, preservar la intimidad del adolescente, huir del sarcasmo, evitar los conflictos por su forma de ser, hacer las comidas en familia, ofrecer las mismas oportunidades a las chicas y a los chicos, valorar el desarrollo personal y no la perfección o el físico y, sobre todo, proporcionar a los hijos un trato respetuoso para ayudar a construir su autoestima. |