Durante la adolescencia se producen, además de cambios físicos hormonales, cambios psicológicos o emocionales. A los padres les preocupan las posibles relaciones sexuales que sus hijos puedan tener y que puedan desencadenar embarazos no deseados, enfermedades sexuales, abusos, problemas de autoestima, etc.
Puede que su hijo le empiece a hablar de sexo haciendo preguntas. También, los propios padres pueden decidir cuándo hablar sobre el tema, y es ahí cuando pueden surgir dudas sobre qué decirles realmente. La postura más inteligente es ser sinceros, firmes, contestar a todas sus dudas con independencia de los sexos de sus hijos y usando un lenguaje cómodo que les invite a participar activamente y corregir así las posibles ideas equivocadas que hayan podido escuchar.
En esta edad, por norma general, el joven pasa poco tiempo en casa porque el adolescente prefiere estar con su grupo de amigos, con quienes comparte los deseos de probar cosas nuevas, expresar sus emociones y hablar de sexo. Los padres deben ser cercanos para evitar que haya un distanciamiento con sus hijos.
Muchas veces los adolescentes se comparan con modelos que la sociedad impone como “guapos/as” y, al querer verse como ellos y no alcanzar el cuerpo deseado, pueden aparecer desórdenes nutricionales como anorexia o bulimia. También es importante tener en cuenta no sólo el deseo sexual sino también la predisposición al enamoramiento, pues pueden aparecer los típicos desengaños en adolescentes.
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